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Señora ministra, que esto también va con usted.

Desde que nos levantásemos ayer con las magnificas noticias de la detención de la cúpula de la SGAE en una operación de la Guardia Civil a instancias de la Audiencia Nacional, todo han sido declaraciones y posicionamientos a favor o en contra de la actuación sobre la entidad.

Que la SGAE es un organismo que atufa a guarida de extorsionadores bajo la careta de gestores económicos del entretenimiento ajeno es un sentimiento ampliamente extendido en este país. Y lo es no precisamente por su transparencia, su saber hacer o su gestión impecable. Como ya comentábamos el día que publicamos el artículo ¿Y vosotros me llamáis pirata?, sus actuaciones han sido siempre oscuras, impopulares, profundamente injustas y sobre todo, con el terrible aspecto de estar amparadas por todos los poderes del estado.

Por ello, como decimos, los posicionamientos han sido rápidos e inmediatos. Y lo han sido porque todo lo que en España huela a SGAE provoca efectos radicales. Han sido (y aún son) muchos años de pagar un Canon injusto y declarado ilegal (Canon que por cierto seguimos pagando, pasándose las resoluciones judiciales por el arco del triunfo) y de tener que sufrir la total vulneración de nuestra presunción de inocencia como consumidores. Por ello desde que se conoció la noticia la Red ha hervido de comentarios, chistes, alegría e incluso de hilarantes huidas hacia delante como la del Sr. Ramoncín, que ahora parece que nunca formó parte de la entidad y que poco le falta ya para declararse un indignado y plantarse en Sol a clamar por la justicia y la democracia.

También ha habido, lógicamente, declaraciones y comentarios sobre los pocos defensores de la SGAE. Defensores estos que -oh, casualidad- tan solo se encuentran entre los que disfrutan de los jugosos beneficios oscuramente obtenidos por estos amigos de lo ajeno. Normal y comprensible, por otro lado.

No obstante hay alguien que permanece en un bochornoso silencio y que desde que saltó el bombazo no ha abierto la boca sino para pedir disimuladamente “respeto por la investigación“, sea lo que sea lo que signifique eso. Y ese alguien que no se ha dignado en dar una explicación a todos los españoles es precisamente la persona más responsable de todas en todo este turbio asunto: La ministra de Cultura, señora Sinde. Y es la máxima responsable porque su ministerio debía haber sido el encargado de fiscalizar, controlar y auditar las cuentas de la SGAE y debía haber sido el encargado de velar por la transparencia de la gestión de un dinero que nos han ido sacando a todos los españoles bajo la acusación preventiva de pirateo. Pero es que además esta señora es miembro (o miembra) activa de la SGAE, a la que se afilió siendo ya ministra, lo que añade un punto más de responsabilidad en todo este tema. De responsabilidad y de sospechas, todo hay que decirlo.

Señora ministra, permítanos que le digamos que no puede usted mirar para otro lado. No puede usted disimular y pedir respeto sin dar una explicación sobre los mecanismos que su ministerio debía haber puesto en marcha para vigilar a una entidad privada, con ánimo de lucro y licencia para recaudar impuestos. No puede usted ahora no posicionarse y dejar que todo siga su curso, echar balones fuera y ni siquiera opinar sobre el terrible hecho, caso de comprobarse, de que la cúpula de la SGAE ha desviado los fondos que obtiene con los injustos tributos que cobra amparada por el paraguas de los “derechos de autor” y que usted ha dejado de vigilar. Esta vez no nos vale la postura tan española de disimular y del “aquí no ha pasado nada”. Lo sentimos, pero esta vez no. Así que por favor, Señora Ministra, dé las explicaciones oportunas, que esto también va con usted.

Y no podemos terminar este artículo sin hablar del jefe de toda esta trama, Teddy Bautista, al que dedicamos unas palabras vistas estos días en Twitter: “Tu presunción de inocencia me la paso yo por donde tu te has pasado la mía durante todos estos años en los que me obligabas a pagarte por si acaso copiaba.” Esperamos de todo corazón que disfrutes cobrando el Canon de “El rock de la cárcel”.