Entrevistas

Fernando Gamboa, la apasionante vida de un escritor y aventurero.

 

«Bucear con tiburones martillo en las Galápagos, subir al volcán Pacaya en plena erupción y ver las rojas esquirlas de lava cayendo a tu alrededor brillando en mitad de la noche, dormir al raso sobre una duna en el desierto del Sahara, o subir a la cima de una pirámide maya y contemplar a mis pies el mar de la selva al amanecer, son algunos de esos momentos inolvidables por los que comprendes que vale la pena vivir.»

Si hay una palabra que define a la perfección a la persona que nos visita hoy, esa es sin duda, Aventura. Pero así, con mayúscula. Pero si hubiese dos la otra probablemente sería escritura.

Aventura porque estamos ante un auténtico aventurero como normalmente vemos tan sólo en el cine o en novelas. Un hombre que ha dedicado buena parte su vida adulta a viajar por África, Asia y Latinoamerica y residir en muchos de países ganándose la vida con oficios tan sorprendentes como submarinista, piloto, guía de aventura o jugador de póker.

Pero como hemos dicho, también escritura, porque ese mismo hombre un buen día decidió que no sólo quería vivir historias soprendentes, además quería contarlas. Y lo hizo publicando una primera novela, “La última cripta”, que le catapultó de imediato a la fama allá por 2007 y que le transformó de la noche a la mañana nada menos que en el autor más vendido de todo Amazon. Tras eso siguieron tanto éxitos literarios como nuevos viajes y hazañas por medio mundo.

Podemos decir sin miedo a equivocarnos que hoy viene a visitarnos a ThinkFuture una de las personas más apasionantes e interesantes que hemos conocido, tanto en su forma de escribir como en su vida personal ¿Queréis conocer al aventurero, al escritor, al hombre que se esconde detrás del afamado Fernando Gamboa? Vamos a ello.

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Fernando, en primer lugar queremos agradecerte la deferencia que has tenido con ThinkFuture al conceder esta entrevista. Además ahora que estas precisamente en pleno proceso de promoción de “Capitán Riley” la que es ya tu ¿quinta novela?
Deferencia, ninguna. Actualmente resulta imprescindible que los lectores descubramos quién hay detrás de las novelas que nos gusta leer. Los tiempos de los escritores encaramados en sus torres de marfil y a quienes solo les ve el pelo -y de lejos- cuando ganan un premio o sacan libro nuevo, ya están tocando a su fin. Habrá quien siga pensando que por dedicarse a juntar letras en un teclado merece una deferencia y admiración especial, pero desde luego yo no lo creo. Poder relacionarme con miles de lectores en las redes sociales o a través de entrevistas como esta, es un placer y privilegio.
Y sí, CAPITÁN RILEY es mi quinta novela publicada. Tengo alguna otra escrita de hace tiempo guardada en un cajón, pero creo que es tan mala que prefiero que siga inédita. No quiero arriesgarme a que la gente me lance tomates por la calle.

Y como no puede ser de otra forma, debemos comenzar hablando un poco de esta obra. Cuéntanos qué vamos a encontrar en ella.
Aventura, diversión y evasión. Lo que no va a encontrar el lector es una trama filosófica ni una prosa literaria destinada a levantar la admiración de académicos y próceres de la lengua castellana. Eso se lo dejo a otros.
Lo que yo hago es contar historias y tratar de contarlas bien. La frase más repetida por los lectores en las reseñas de mis novelas, es que se han enganchado en las primeras páginas y no han podido dejar de leer compulsivamente hasta llegar a la última. No se me ocurre un mejor elogio que ese.
Como lector, lo que busco cuando me embarco en una lectura es que me proporcione felicidad; así de simple. Y eso mismo es lo que intento lograr con mis libros, hacer feliz al lector durante quinientas páginas y que cuando cierre el libro haya una sonrisa de placer estampada en su cara.

Suponemos que ya habrás asimilado el tremendo éxito que obtuviste con “La última Cripta”, novela que te catapultó a la fama, sobre todo a raíz de las tremendas ventas en Amazon. Para quien no te conozca aún ¿Que ocurrió ahí exactamente? 
LA ÚLTIMA CRIPTA fue la primera novela que escribí en mi vida, allá por 2007. Sin experiencia ni formación literaria me tiré a la piscina, y cuando la terminé la llevé a varias agencias literarias y editoriales de Barcelona, aunque sin esperanza alguna de que a nadie le interesara. Pero para mi sorpresa, la agente Lola Gulias de la Agencia Kerrigan, la más importante del país, se entusiasmó con la novela y una semana más tarde ya estaba firmando mi primer contrato. Si escribes en Google “llegar y besar el santo”, creo que sale mi foto. Poco después, varias editoriales en todo el mundo compraron los derechos y se convirtió en un gran éxito de ventas sobre todo en España, Rusia y Ucrania. El problema fue que en 2010 la editorial española quebró, y de repente me encontré con esa novela y dos más –GUINEA y LA HISTORIA DE LUZ—, ya terminadas y sin saber qué hacer con ellas, pues aunque seguían vendiéndose extraordinariamente en otras lenguas, la crisis editorial hacía a las editoriales nacionales aún más reticentes de lo habitual a publicar novelas de nuevos autores. Pero entonces apareció Amazon y el libro electrónico, y todo cambió.
En 2012 publiqué en Amazon aquellas tres obras que ya tenía escritas mientras seguía trabajando en CIUDAD NEGRA, la secuela de LA ÚLTIMA CRIPTA. Por aquel entonces –hace dos años, pero parece que hayan sido veinte-, casi nadie en España y menos yo, tenía muy claro lo que significaba la autopublicación y solo llegaban ecos de la revolución que estaba significando en Estados Unidos. Así que, como dicen en Colombia “metí la ficha”, y para mi absoluta sorpresa la novela no solo la compraron decenas de miles de lectores en todo el mundo, sino que durante todo 2012, más de la mitad de los días del año fue la novela más vendida en Amazon España así como también en las listas de libros en español de Estados Unidos. No sé muy bien lo que pasó ni como, pero intuyo que el boca-oreja de los lectores recomendándosela entre ellos fue determinante para el éxito que tuvo, ya que por entonces no tenía actividad alguna en las redes sociales, ni apenas hice promoción.

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Y hablando de eso un poco ¿por qué empezaste a escribir?
Aproximadamente en el año 2005, sufrí una grave dolencia de espalda que me mantuvo durante casi dos años en cama y prácticamente incapaz de moverme o hacer algo más que caminar hasta la cocina. Era casi un inválido.
Mi vida hasta la fecha había girado casi siempre entorno a los viajes y los deportes de aventura, así que, tras superar las ganas de meter la cabeza en el horno y replantearme un futuro que creí que a partir de entonces iba a ser la de un anciano cargado de achaques, decidí buscarle alguna ventaja a la situación. Ya que no podía moverme físicamente pero sí hacerlo con la imaginación, escribí LA ÚLTIMA CRIPTA, y esa fue la mejor terapia de rehabilitación posible. La escribí para mí, para divertirme y evadirme de mis problemas, y resultó que también ha produjo ese mismo efecto en los más de doscientos mil lectores que ya la han leído hasta la fecha a lo largo y ancho del mundo. Quién me lo iba a decir.

200.000 lectores nada menos. De verdad ¿qué se siente cuando tantísimos miles de personas comparten algo que hasta entonces solo existía en tu mente? ¿Qué sensaciones ofrece algo así? Aparte de responsabilidad por tus próximas obras, claro….
Pues aunque no lo creas, no suelo prestar atención a las cifras de ventas. Por supuesto las uso para promocionarme cuando me entero de ellas, pero en general siempre me llegan a través de informes de ventas que me envían o porque me lo preguntan en una entrevista y me veo obligado a comprobarlo. Siento el mismo respeto por mis lectores tanto si son 200.000, como si son 200 o como si fueran 2. Trato siempre de hacer el mejor trabajo del que soy capaz, independientemente de la cantidad de lectores que pueda tener.
En realidad, hasta hace muy poco me daba hasta vergüenza definirme a mí mismo como escritor, y cuando tenía que rellenar la tarjeta de inmigración al llegar a algún país nuevo, en el apartado de profesión, siempre escribía submarinista —o sexador de pollos, para reírme un rato, pero una vez a un policía de inmigración de un país sudamericano que no recuerdo no le hizo gracia y casi me prohíbe la entrada, y desde entonces dejé de hacerlo.

Porque espera un momento, estamos hablando con alguien que -no lo olvidemos- ha sido entre otras cosas que no puede confesar (risas) submarinista, profesor de español, jugador de póker o guía de aventuras… ¿Cómo exactamente una persona de ese perfil se pone un día delante de un teclado a narrar historias?
Apretando los dientes. Eso es lo más difícil de todo, quitar tiempo a viajes, amistades y aventuras para dedicarlo a escribir. Me esfuerzo por combinar ambas cosas y siempre que salgo de viaje me llevo el portátil bajo el brazo, pero ya sea en un café de Barcelona o junto a una playa de Indonesia, el –mucho- tiempo que dedico a escribir una nueva novela, es al fin y al cabo tiempo que me quito de vida. Eso para mí es lo más duro con diferencia, porque creo firmemente que el tiempo es la medida de todas las cosas y lo único que jamás se recupera.

¿Y como se pueden combinar ambas formas de vida? ¿De qué manera una hace presión sobre la otra?
Haciendo encaje de bolillos con el tiempo del que dispongo. Cuando estoy escribiendo solo pienso en marcharme de viaje y cuando estoy viajando pienso constantemente en que debería estar escribiendo.
No podría escribir, sin viajar y vivir nuevas experiencias y emociones que luego transmitir a los lectores a través de mis libros. Pero ahora tampoco sería capaz de viajar sin escribir, lo cual acaba siendo un círculo vicioso del que de momento veo difícil salir. Aunque tampoco hago el intento por hacerlo, para ser sincero.

Fernando, el mar es un personaje casi omnipresente en tus obras. ¿Tanto te ha influido?
El mar ha sido siempre una constante en mi vida. Casi todas las novelas clásicas de aventuras que devoré desde pequeño tenían que ver con el mar de un modo u otro. No había aventura de Verne, Stevenson o Salgari en que el mar no apareciera. Crecí entendiendo que aventura y mar eran sinónimos, y así, de forma inconsciente, se ha visto reflejado luego en mi trabajo y en mi vida. Es imposible plantarse frente mar, contemplar el horizonte, y no dejar volar la imaginación preguntándote qué habrá más allá.

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Aparte del mar, es fundamental en tu obra el héroe, el aventurero que protagoniza cada historia. Es inevitable preguntarse esto, claro: ¿Cuánto de Fernando hay en Riley o sobre todo en Ulises y al revés?
Pues mucho, claro. Ulises nació como un alter ego con quien vivir aventuras y viajar, cuando yo estaba convaleciente. Podríamos decir que Ulises Vidal se parece bastante al Fernando Gamboa de 2007, y en cambio Capitán Riley tiene más en común con el Gamboa de 2014.Alguien con más canas y cicatrices.

Mas canas y cicatrices significa experiencia, claro. Y esa experiencia está sin duda volcada en tu obra ¿Imaginas tu vida de otro modo?
He de confesar que alguna vez me he imaginado como un jeque del petróleo viviendo en un palacio rodeado de un harén, pero enseguida me tomo la medicación y se me pasa.
Aparte de eso, procuro seguir siendo fiel a mí mismo como lo he sido hasta ahora. Me ha costado mucho lograr vivir de la errática forma en que lo hago, y de no haber sido así desde luego no habría sido capaz de escribir las novelas que escribo. Más allá de profesiones o países donde he vivido, la constante es ser siempre libre. Es la condición imprescindible para cualquier cosa que haga.

Normalmente te preguntan por las anécdotas que has vivido y los lugares hermosos que has visto. Sin embargo nosotros preferimos ir al otro extremo. ¿Cuál es tu peor experiencia? Ese momento en el que has dicho “qué demonios haré yo aquí…..»
Buff… De esas tengo unas cuantas. Quizá uno de los momentos más jodidos fue cuando, en un pueblo de Guinea Ecuatorial, un militar borracho me puso apuntó con su pistola a la cabeza asegurando que iba a matarme, o también, una vez en un barrio nada recomendable Guayaquil, cuando tuve que saltar dentro de un coche en marcha para salvar la vida, huyendo de una banda de asaltantes armados, o quizá cuando me dispararon aunque sin llegar a acertarme –afortunadamente-, en el transcurso de una manifestación en Ciudad de Guatemala. No sabría decir, la verdad, veinte años metiéndome en problemas dan para bastante.

Bueno, venga, no nos quedamos sin una buena historia (risas). ¿Tu mejor experiencia en ese sentido?
Pues no sé si entrará en la categoría de anécdotas, pero bucear con tiburones martillo en las Galápagos, subir al volcán Pacaya en plena erupción y ver las rojas esquirlas de lava cayendo a tu alrededor brillando en mitad de la noche, dormir al raso sobre una duna en el desierto del Sahara, o subir a la cima de una pirámide maya y contemplar a mis pies el mar de la selva al amanecer, son algunos de esos momentos inolvidables por los que comprendes que vale la pena vivir.

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Pero oye, ¿tu en cuantos países has estado? (más risas)
Pues… no sé. Nunca me he puesto a contarlos. Pero lo mío es más ir a un sitio y pasar allí meses o incluso años. No soy un coleccionista de sellos de pasaporte. Si no me gusta el sitio me largo de inmediato, y si la comida es buena, la cerveza barata y las mujeres hermosas, me tienen que echar a escobazos.

Algo que que siempre deja huella en este tipo de viajes son las personas que te vas encontrando ¿verdad? Seguro que en tantos años te has encontrado gente de la que te acuerdas especialmente, que te ha marcado.
La gente siempre es lo más importante. Los paisajes se acaban repitiendo y al cabo de los años las playas de arena blanca, las montañas o los desiertos, acaban pareciéndose bastante unos a otros y dejan de llamar la atención. Lo que de verdad se queda grabado en la memoria tras un viaje, es la gente que conoces. Los amigos que acumulas.

Al hilo de esto que dices, hace poco supimos de Fabián Barrios, otro aventurero embarcado en una locura llamada Proyecto Suraj con el que dio la vuelta al mundo en moto. Nos llamó la atención algo que comentaba y es que a lo largo de todos los países por los que viajó se dio cuenta de que no hay personas malas, solo gente puesta en dificultades o en malas circunstancias. ¿Qué opinas? ¿Has visto la verdadera maldad en tus viajes?
Bueno, lo primero que habría que hacer es definir es la palabra “malo”. Si lo entendemos como alguien intrínsecamente maligno, pues los hay, pero suelen ser personas con problemas mentales de uno u otro tipo.
Si definimos a alguien “malo” como alguien que daña a los demás para obtener algún tipo de beneficio o ventaja, pues entonces los hay a patadas. De hecho, cualquier persona en determinadas circunstancias puede ser mala para otra, incluso aunque sea sin intención.

Si tuvieras que echar raíces ¿qué lugar del mundo sería el elegido?
Ahora mismo elegiría Australia. Sin dudarlo. Un jodido paraíso, tanto natural como humano.

¿Y aquel que más te ha sorprendido para bien o para mal? Ese que es totalmente distinto a la imagen que se tiene en el resto del mundo…
Japón fue toda una sorpresa. Un lugar extraordinario, con gente fabulosa, de una cultura única y una gastronomía insuperable. Es el país que más me ha sorprendido en los últimos años, un destino al que estoy deseando regresar en cuanto pueda para comer sushi hasta reventar.

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Volvamos a la literatura y hablemos un poco de tu proceso creativo. ¿Eres de esos autores que planifica absolutamente toda la novela con esquemas, diagramas y que conoce de antemano cada giro argumental de la obra o eres más anárquico y que cada personaje fluya por donde quiera?
Precisamente porque soy terriblemente anárquico e inconstante, he de prepararme a conciencia los proyectos. Si no lo hiciera así, cada dos semanas estaría abandonando un libro para comenzar otro que siempre me parecería más interesante. De hecho, aun haciendo eso, tengo ahora mismo cuatro proyectos ya iniciados y aplazados para más adelante …y acabo de comenzar el quinto.

Pero y el germen, la idea primera de esa novela ¿de dónde te surge?
De casualidad. Siempre. Nada aparece de forma espontánea, más bien suele ser la acumulación de retales de noticias, libros leídos, películas, viajes, historias que alguien me cuenta y algún que otro sueño raro. Todo eso se va juntando en la coctelera del subconsciente sin darme cuenta hasta que un día, alehop, las piezas encajan y se me ocurre la clásica pregunta que da pie a todas las historias: ¿Qué pasaría si…?

¿Y para escribir? ¿Algún software específico o eres de los que usan simplemente un procesador de texto?
He tratado de usar Scrivener para escribir, que dicen es el mejor, pero al final siempre me puede la impaciencia y termino volviendo al Word de toda la vida. Sé que suena poco profesional, pero aún no le he acabado de pillar el truco a aquel programa.

Antes estuvimos hablando de tus inicios. Dada tu experiencia si yo quisiera comenzar a escribir ¿qué me aconsejas? ¿Qué pasos debo dar para publicar? ¿Acudo a los cauces de “toda la vida” o me lanzo por mi cuenta a subir mi obra a Amazon, iTunes u otras plataformas?
Para escribir, simplemente empezar a hacerlo con pasión, sin miedo a equivocarte y corregir todas las veces que sea necesario, y sobre todo dejar de lado al ego que a muchos autores les impide aprender de sus errores. Y por supuesto, una vez terminada, corregida y editada hasta que roce la perfección, publicarla en Amazon de forma independiente y llegar así a millones de lectores potenciales en todo el mundo. Si la novela es buena y tiene éxito, serán las editoriales las que vendrán a llamar a tu puerta y entonces estarás en una mejor posición para negociar si es que quieres hacerlo.

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Tu tremendo volumen de ventas seguro que ha hecho que también te veas afectado ya por el cáncer de la industria literaria de nuestros días. Hablamos, claro, de las descargas “piratas”. ¿Que opinas sobre este controvertido tema? ¿Cómo ves el panorama actual?
Es un tema muy complejo y con muchas causas, pero lo más importante es, por un lado, hacer entender a los que realizan descargas ilegales, que el 99% de los autores apenas logran algo más que sobrevivir con sus ventas y lo que hacen es tan inmoral como robarle al tendero de la esquina —ver como miles de personas se descargan de forma ilegal libros que se venden por solo 0,99€ resulta descorazonador—. Y por otra parte, las editoriales con sus precios desorbitados para los ebooks, muchas veces superiores a su equivalente en bolsillo, solo hacen que incentivar la piratería y poner palos a las ruedas a un proceso inevitable que se resisten a aceptar, que es la implantación mayoritaria del libro digital.
Que el problema de la piratería sea tan grande en España, en comparación con cualquier país del entorno, debería hacernos reflexionar sobre las causas.

¿Crees que el mundo editorial va a sufrir el mismo batacazo que el mundo de la música? ¿Acaso no han aprendido nada?
Me temo que sí. Están cometiendo paso por paso casi los mismos errores y si no son capaces de reinventarse y adaptarse al siglo XXI, la mayoría pasarán a la historia como lo han hecho las agencias de viaje o los fabricantes de cabinas telefónicas. Es absurdo que pretendan seguir ignorando lo que sucede a su alrededor, resistiéndose a hacer evolucionar un negocio que apenas ha registrado cambios desde hace más de un siglo. Por desgracia, cuanto más tiempo pasen negándose a ver la realidad, más fuerte será la caída.

Y para finalizar, y no dejando de agradecerte otra vez que hayas estado con nosotros, recomiéndanos alguna novela para este otoño.
Pues ahora mismo, con la mente puesta en un inminente viaje a tierras más cálidas ahora que se termina el verano, me gustaría recomendar dos fabulosos libros de viaje: Amanecer en el Sudeste Asiático, y Hacia Tierra Austral. Ambos escritos por una gran escritora y viajera barcelonesa residente en Australia, llamada Carmen Grau. Os va a encantar.

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