Curiosidades

De perros y hombres

Quien me conoce sabe que me encantan los perros. Todos.

Como tantos otros niños, crecí con la frustración de que mi madre no me dejase tener animales en casa por lo que ya independizada, de mayor he tenido de todo…

En el caso de los perros he pasado, desde mi pequeñaja actual de cuatro kilos hasta rotties de cincuenta sin problemas. El único que me dio dolores de cabeza fue el primero. Un mestizo de teckel de diez kilos que por mi falta de experiencia no supe educar y que de haber tenido mayor envergadura era muy susceptible de haber dado algún susto gordo (porque pequeños dio unos cuantos).

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Estos días hemos tenido noticias de un nuevo ataque fatal de esos perros ‘potencialmente peligrosos’ que unos pretenden dulcificar y otros demonizar sin que, a mi juicio, ninguna de las dos posturas sea completamente acertada.

Poniendo las cosas en orden

Vaya por delante que hablo EXCLUSIVAMENTE desde mi experiencia y que lo que sigue son sólo apreciaciones personales. No soy criadora ni educadora ni pertenezco a ningún colectivo asociado o asociable al tema.

Dicho esto, sólo quiero una vez más, hacer una llamada de atención en aras de la responsabilidad y la reflexión desde mi modesta opinión.

Un accidente es un accidente. Echarnos las manos a la cabeza, lamentar y buscar respuestas (culpables) es humano. Pero como todo en la vida, no todo tiene siempre una razón de ser. A veces, simplemente las cosas pasan. Ahora bien, algunas consideraciones pueden ser muy útiles especialmente ahora que se acerca otra navidad y más de uno se llevará a casa un adorable cachorrito con un lazo atado al cuello que en unos pocos meses ni será tan cachorrito ni quizás tan adorable y tanto da que sea de un criadero de prestigio que te habrá costado un pastizal o de una protectora que te ofrece a ese pobre y desvalido peludito con ojitos de cordero como aquel viejo anuncio del dulce Tristón…

Estoy un poco cansada de las corrientes buenistas y empalagosas de protectoras (que hacen un trabajo EXTRAORDINARIO, no me lapiden aún), animalistas y similares que presentan a los perros como adorables seres inteligentes y emocionales con sentimientos humanos necesitados de amor y cariño cual niño indefenso. MENTIRA.

Esa idea subyacente de que un perrito es equiparable a un niño abandonado me parece una barbaridad que está llevando a muchos animales a pasar por una adopción que se revierte al poco tiempo cuando, de vuelta a la prote de turno, resulta que el animalito no es un muñeco que se desconecta cuando te cansas de atenderlo o presenta algún problema con el que no contabas…

Un perro no es una persona. Repite conmigo: NO ES UNA PERSONA. No tiene ni el intelecto ni la conciencia ni la concepción de la vida, las emociones, el tiempo o las necesidades equiparables a un humano. Meteoslo de una vez en la cabeza y dejad de proyectar vuestra psicología en ellos y nos ahorraremos muchas frustraciones y disgustos.

Tener un perro de más de veinte o veinticinco kilos con características ‘potencialmente peligrosas’ es una responsabilidad enorme. Las licencias para ppp que te ‘compras’ por cuarenta euros merecen todo un artículo aparte porque el tema tiene miga…Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Miro a mi ratonera que apenas levanta dos palmos del suelo mientras mastica fascinada su hueso de cerdo y pienso que si esa boquita es capaz de triturarlo sin problemas, ¿qué podría hacer con los deditos de un niño? Ahora pienso en mi sobrina de dos años con la que juega habitualmente y me siento incómoda. Pues multiplícalo por diez y entenderás lo que tienes en casa cuando miras al rincón de tu precioso pitbull, alano, cane corso, dogo argentino, mestizos grandes varios, etc y le ves ahí echado panza arriba ajeno a las consideraciones de su ‘peligrosidad’. Pero, ¿cómo? te preguntas, si es un osito de peluche. Jamás haría daño a nadie…Y probablemente tienes razón. La pregunta es, ¿y si te equivocas?

Los perros no son ni buenos ni malos. Cada uno es único, con un carácter y temperamento propios y una ‘personalidad’ particular moldeada por el instinto, el entorno, las experiencias, la educación, la genética y un montón de factores que hacen de cada animal un ser diferente. Los hay naturalmente más tranquilos, más enérgicos, más sociables, más ariscos, más equilibrados, más peleones o más tendentes al desequilibrio. De todo hay, como en botica. Y un dueño responsable tiene que saber gestionarlo. Evidentemente, todo esto no se maneja igual en mi pequeña (y antipática) ratonera, que en el enorme alano español de cuarenta kilos de un conocido que finalmente tuvo que regalarlo antes de que le terminase de destrozar la casa (un chalet con parcela para los de ‘un perro grande no puede vivir en un piso’) o peor aún, hubiese que lamentar daños personales.

Ni todos los perros son para todas las personas ni todas las personas pueden tener perro

Poder pueden, faltaría más. Pero no deberían. Y no porque no puedan darle toda clase de mimos y cuidados, sino por falta de capacidad para educarlo y mantenerlo psicológicamente sano y equilibrado. Creo que es de capital importancia empezar a tomarnos en serio no sólo la reglamentación sino la clase de personas que terminan con perros de determinadas características y limitar muy mucho en qué condiciones y para qué queremos esa tipo de animales. Lo de cuidar las ‘fincas’ o chalets es cada vez menos razón pues gran parte de los accidentes con perros se producen precisamente en ese entorno y contra los propios dueños. Esto vale para cualquier perro de grandes dimensiones, no sólo para los perros de presa. Creo haber leído en alguna parte que el premio gordo de la estadística de mordeduras es para el pastor alemán, una raza de reputación amable e inteligente.

El perro acompaña al hombre desde tiempos inmemoriales. Fiel y leal compañero, ayudante y defensor de su manada durante miles de años.
Casi siempre el problema viene con la torpeza del adoptante humano que no respeta la jerarquía natural y eleva al animal a la altura de si mismo. El perro se sube al sofá, a las camas, se le da comida de la mesa, carece de ejercicio suficiente y estímulos psicológicos inherentes a su naturaleza, no tiene normas claras, precisas y concretas al relacionarse con las personas, quizás no aprendió de pequeño a tratar con otros congéneres…La lista es interminable pero con un nexo común: la intervención erronea del elemento humano. Conste que no estoy exenta de culpas y reconozco haber cometido errores con mis perros. Al fin y al cabo no vienen con un libro de instrucciones bajo la pata. Es responsabilidad nuestra y sólo nuestra anticiparnos a la llegada del nuevo miembro familiar y empaparnos de conocimiento para estar preparados.

Un perro puede ser un componente maravilloso de la unidad familiar…o un enorme quebradero de cabeza. Y en gran parte eso depende de sus dueños.

Perros y niños

Quiero hacer una reseña especial al tema perros-niños. Pero no al perro que se cría con el niño en familia, aunque de todos es sabido que hay que adaptar al animal cuando el bebé es el que llega después y educarlo desde el principio para que entienda que en la jerarquía familiar él siempre será el escalón más bajo.

A lo que quiero referirme es a la educación que les damos a los pequeños en lo que respecta a las mascotas ajenas o al modo en que se comportan en la calle cuando se encuentran con los perros de vecinos, amigos o perfectos desconocidos. Un susto puede crear una predisposición negativa o hasta un trauma que persista a lo largo de los años, lo que es una verdadera lástima pues les priva de una de las relaciones más enriquecedoras de la vida.

En realidad, basta con una sencillas pautas que todo niño puede entender desde muy pequeño:

  1. No se toca a un perro cuando come o duerme.
  2. No se toca a animales desconocidos que deambulen sueltos por la calle, estén atados y en ningún caso a los que estén tras una valla o un cercado.
  3. Siempre deben pedir autorización al dueño para acercarse a saludar a un perro.
  4. No se les pone la mano por encima de la cabeza para acariciarlos. El animal no sabe con qué intención le alza la mano ese desconocido y quizás reaccione mal al acercamiento. Es mejor aproximar la mano desde abajo y si se muestra amistoso acariciarles bajo la barbilla o el pecho.
  5. A ningún perro le gusta que lo abracen. Toleran nuestras muestras de cariño como parte de su relación con sus humanos o del juego, pero ese comportamiento lógicamente no es natural en ellos por lo que no es realmente apropiado. Hacerlo con un perro que no nos conoce no es buena idea.
  6. A un perro desconocido es mejor no acercarse de frente sino por el costado para que no sientan que se les está desafiando. La proximidad desde un lado implica una actitud no agresiva y así lo interpretan.
  7. Hay que decir que hay perros a los que no les gustan los niños y también hay que respetarlo. Son pequeños, ruidosos, huelen diferente y se mueven de manera arbitraria o nerviosa. A veces, en perros no habituados, un niño puede ser un elemento desestabilizador que los confunda o desencadene una reacción indeseable. Ni que decir tiene que no es aconsejable que ningún niño pequeño esté a solas con un perro sin vigilancia.
  8. Un niño jamás debería intentar separar a dos perros que se están peleando. Lo más probable es que acabe llevándose la peor parte.

Una de las cuestiones más peliagudas es qué hacer ante el ataque de un perro.

Hay algo en lo que casi todos los expertos están de acuerdo: NO corras si no estás seguro de ganar la carrera lo cual es bastante poco probable con cualquier perro de grandes dimensiones. Lo más seguro es que la huída desencadene el instinto de presa del perro que ya ha decidido que somos una amenaza.

Entonces, ¿qué hacer? No es una pregunta fácil pero hay algunas indicaciones que pueden salvarte la vida…o ayudar a alguien que esté sufriendo un ataque.

Usa el sentido común. Es importante proteger las zonas más susceptibles de recibir mordeduras fatales como el cuello y la cabeza, mantener la calma (cosa harto difícil si te están masticando), no chillar, no mirar fijamente a los ojos del animal que se aproxima amenazante o mantener los puños cerrados para que una posible mordedura no te deje sin dedos. Si efectivamente se produce el ataque intenta dirigir los mordiscos a piernas o brazos mientras alguien te socorre y trata de usar algún elemento a tu alcance que deje sin respiración al animal para que te suelte. Golpes fuertes en las costillas con los codos o las rodillas, una correa o lazo fino que le estrangule o algún objeto contundente que nos permita dañarle los ojos o la nariz pueden ayudarnos a minimizar las heridas o conseguir que nos deje en paz.

Es evidente que lo ideal es no tener que enfrentarnos nunca a la situación y que prevenir es la mejor defensa pero no está de más estar mentalmente preparados para la posibilidad de que algo así pueda ocurrir.

Hablemos de razas

Por último y volviendo al tema de las razas, tampoco todas ellas son para cualquier persona.

Ni los grandes pastores son excelentes para familias siempre ni los perritos pequeños son fantásticos para casas con niños. Eso no son más que frases hechas mil veces repetidas para vendernos lo que al comerciante conviene. Lo que de verdad importa es la energía del animal, el tiempo que vamos a poder dedicarle y la razón para la que lo incorporamos a la familia: guarda, compañía, terapia, defensa…

Quiero hacer una mención especial a la moda de las razas miniatura de las que me considero enamoradita.

Después de unos años en los que no eras nada si no paseabas con un pitbull, rottweiller o staffi con cara de asesino por el barrio, ahora está de moda esa cosita, cuanto más diminuta mejor, que apenas puede subir los escalones sola. Bien, abrid las orejas: las razas ‘super-mini-micro-toy’ NO SON PARA NIÑOS. Un animal de menos de dos kilos es delicado, nervioso, a menudo miedoso y probablemente desconfiado. Lo último que necesita a su alrededor son climas de gritos, carreras, juegos enérgicos, etc…Son difíciles de criar equilibrados y tranquilos y aunque es necesario que desde pequeños se expongan a todo tipo de estímulos para que crezcan psicológicamente sanos, es mucho mejor que ese tipo de perros vivan con adultos en un ambiente relajado y seguro. Les aporta estabilidad de carácter por no hablar de que serán mucho menos propensos a accidentes.

Hay muchísimos perritos de razas pequeñas-medianas que aguantarán perfectamente la convivencia con sus ‘hermanos’ humanos sin las inconveniencias y peligros de un perrito toy.

Y si lo que te gusta es un perrazo imponente como mi querido y enorme Bruce, piensa que la convivencia con un animal de esa envergadura va a darte bastante trabajo. Huelen más, despeluchan más, tienen más necesidad de ejercicio, ensucian más, comen MUCHO más, son más difíciles de transportar, son muy fuertes y no podrás dejarlo con cualquiera cuando tengas que ausentarte. Por el contrario, si lo has educado correctamente y le viene de serie un carácter tranquilo como es el caso, disfrutarás de una preciosa alfombra canina que perfectamente se adaptará a un pequeño apartamento si tienes en cuenta que todos los días deberás calzarte las zapatillas y salir a hacer unos kilómetros con él…

Compartir la vida con seres de otras especies es algo maravilloso.

Suelo decir que una casa sin animalillos no es un hogar. Para que la convivencia sea perfecta y tanto ellos como nosotros tengamos vidas plenas y felices juntos, hay una cosa que tenemos que poner más importante que todo nuestro corazón:

Cabeza.